Para Carlos Lasso Cueva
2023
Caminábamos por la calle Chile,
de nuestra odiada y querida Guayaquil
hablando del mar, de la revolución,
de nuestro grupo ecológico, cruzando pasos cebras,
deteniéndonos ante vitrinas apagadas
vigilando que ningún ladrón nos sorprendiera.
Discutíamos, argumentábamos
que esta sociedad aún dormía con su sopor burgués
y nosotros, minúsculas micro células en ciernes
veríamos un horizonte verdaderamente rojo
pero sin nacionalismos ni fronteras.
Conversábamos acerca de mujeres ¡Cómo no!
de sus crisis y arrebatos
de sus manías y nuestras manías,
de sus traseros y demás encantos:
de Susan, corazón de ángel y piedra,
o de Brigitte, de cintura ondulada, ama y esclava a la vez.
Pero nuestra amistad,
vibrante y cariñosa, sostenida por los pilares
del materialismo dialéctico
no sobreviviría muchos años
pues mis pasos iban a dirigirse hacia otros derroteros.
Vital camarada, Luz intelectual insurgente
¡Cuántos libros leímos!
¡Cuántos domingos resurgimos!
¡Cuántas discusiones nos agobiaron!
¡Cuántas mujeres nos amaron y se alejaron!
Reseña: "Camarada Carlos" – La Geografía de una Amistad Insurgente
En "Camarada Carlos", el autor nos sumerge en una atmósfera de realismo sucio y nostalgia dialéctica para reconstruir un vínculo que trasciende el tiempo: la amistad entre un joven de 22 años y su mentor intelectual en el Guayaquil de los años 90.
A través de un recorrido por la emblemática calle Chile, el poema no solo recupera una geografía urbana de vitrinas apagadas y sombras acechantes, sino también una cartografía del espíritu.
El texto oscila entre lo macro y lo micro: la gran utopía de un "horizonte rojo" sin fronteras se entrelaza con la urgencia del deseo y las figuras arquetípicas de Susan y Brigitte, mujeres que representan la ambivalencia del corazón humano —entre la piedra y el ángel, entre el dominio y la entrega—.
Lo que sostiene este poema es su honestidad descarnada. No idealiza la militancia ni la amistad; reconoce que incluso los pilares del materialismo dialéctico pueden ceder ante los "derroteros" inevitables de la vida.
Es un homenaje a la luz intelectual que se comparte en los libros y discusiones dominicales, y una elegía a esos "pasos que se bifurcan".
"Camarada Carlos" es, en última instancia, un recordatorio de que somos el ADN de nuestras lecturas, de nuestros ruidos y de aquellos que, aunque se alejen, nos dejaron el pulso de la insurgencia marcado en el alma.

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