Para Lorena Rivas
27-feb-2026
Observo aquí, sentado al volante, las indescifrables formas
que explotan en el cristal de mi
vida.
En la hora más melancólica de mi soledad, escucho música que
se adhiere a mis poros:
el coro de góspel cantando ridículamente que tú me haces
sentir tan real…
…dolorosamente real.
Los vestidos de lentejuelas se confundían con las gotas de
lluvia que se estrellaban contra
el parabrisas.
Mi ansioso pie izquierdo empezó a seguir los movimientos de
las coristas, imaginando bailar
con ellas.
El compás sensual del ritmo permitió que este instante fuera
la mayor inflexión en
nuestro extraño vínculo.
Hasta hace un rato, encerrados en mi auto, lidiaba con tus
vaivenes de chiquilla juguetona.
Tu nombre de 6 letras se iba borrando en el asfalto,
conforme los carros pasaban cerca de mi
hombro.
Nadie más sabía de este desgaste continuo del silencio…
Tocabas mi pecho, mis brazos, mi cuello, sin buscar mi boca
que exigía lo que tú también
deseabas; tu mirada no mentía...
Tus alargadas disculpas fueron las serpentinas de tu boicot
innecesario y descarado.
Por evadir el bache violento de mi pasión traicionada, pisé
el acelerador en neutro, al desviar
tu mano de la mía, y lo que acaricié nerviosamente, fue el
papelito del parquímetro.
No lo tomes como desprecio: era mi reacción instintiva a tu voluble
freno de mano.
La crema exquisita, con la que tu piel seduce mi nariz, se
coló en la atmósfera del aire
acondicionado, hasta quemarme los dedos.
El retrovisor se convirtió en una risa guasa deforme que se
enorgullecía de mis 18 errores del
pasado…
Y ahora es mi ego envalentonado el que se burla de mi
fallida esperanza…
La separación, la incertidumbre, los obstáculos: muñecos mutilados
sobre la acera.
Y frente a mí, se eleva la carretera menos transitada para
un hombre empoderado...
La Anatomía de una Despedida: Cuando el deseo viaja en neutro
A veces, la mayor revelación de nuestras vidas ocurre en el espacio más claustrofóbico: el asiento del conductor de un auto estacionado.
El siguiente poema, "Parabrisas", es una autopsia a los vínculos ambivalentes. Nace de ese punto de inflexión exacto donde la paciencia se agota frente al "boicot" de un amor a medias. Es un viaje crudo a través de la disonancia cognitiva que sufrimos cuando el lenguaje corporal de quien nos acompaña grita deseo, pero sus acciones imponen frenos de mano.
A través de metáforas mecánicas y urbanas, este texto no es un reclamo, es un rito de paso. Es el momento preciso en el que un hombre decide dejar de lidiar con las excusas mutiladas sobre la acera, y elige, por fin, pisar el acelerador hacia una carretera propia. Una lectura sobre la frustración, la claridad, y el doloroso —pero necesario— proceso de recuperar el poder personal.

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