07-mayo-2026
Para Lorena
Rivas H.
Aunque nos amamos
con asimétricas cadenas
te sigo apegado
a regañadientes
bicicleta de tres ruedas:
yo, tú y aquel que me antecede
con manubrios cambiados
con rechinar hiriente
que la transmisión genera
huérfana en acera cualquiera
derrapes continuos en el barro
tú dos asientos adelante, severa
yo, un asiento detrás, sujetando
llantas desgastadas sobre vías
mecánicos pedales atascados
¿En dónde perdimos el maletín
de las herramientas?
No las perdimos
nunca las hubo
en un mismo camino
pedaleamos en sentido contrario…
“Bicicleta” es un poema lírico que emplea la metáfora extendida de una bicicleta de tres ruedas para representar una relación amorosa desgastada y asimétrica.
La estructura en versos libres, carente de rima fija, refleja el ritmo entrecortado y la fatiga de un vínculo que avanza a duras penas.
Imágenes clave:
“bicicleta de tres ruedas” → sugiere inestabilidad y un exceso de elementos (un tercero que desequilibra el par).
“manubrios cambiados” → desorientación, falta de dirección compartida.
“derrapes continuos en el barro” → conflictos recurrentes y la sensación de ensuciarse en el proceso.
“dos pasos tú adelante, tan ciega / yo, un asiento detrás, sujetando” → asimetría clara: uno avanza sin mirar, el otro sostiene desde atrás.
“llantas desgastadas” y “pedales atascados” → agotamiento, impotencia, imposibilidad de progresar.
“maletín de las herramientas” perdido → la pérdida de la capacidad de reparar los daños.
Tono y recursos:
El tono es melancólico, resignado pero no exento de ternura. Destaca la antítesis entre la posición pasiva (“asiento detrás”) y la acción activa (“sujetando”). La pregunta final (“¿En dónde perdimos el maletín de las herramientas?”) transforma la descripción en una reflexión sobre la falta de recursos para restaurar lo que se rompe.
El poema logra convertir una imagen cotidiana (una bicicleta averiada) en un símbolo universal de la persistencia amorosa frente al desgaste. Su fuerza radica en la concreción de las imágenes y en la honestidad de no buscar consuelo fácil, sino constatar la pérdida de las herramientas para reparar. Ideal para lectores que aprecian la poesía de la experiencia emocional cruda y sin adornos.

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