A Edelmira Bustos, ex compañera de Sociología, Univ. Estatal, 1993
2024
Antes…
Edelmira fue ligera como el alba
ruidosa
campana morena
continente de sudor y hembra.
De su vientre nació un álamo
sus frutos devoré hasta el hartazgo
sus labios carnosos, como un adicto
a veces revivo saboreándolos.
Alcanzado por su lengua de ambrosía
rellenó mi pudor con balsámica lujuria.
Amor doblado por exceso
apasionada noche que no recuerda
ni su voz ni mi ímpetu…
Engreída mía, tus llamas impúdicas
inmolaron mi alma ansiosa.
Lloré, enardecido por remordimientos
siguiendo tu carroza fúnebre
abrumado por el incierto futuro
de un par de cuervos muertos.
En el abrazo frío del mármol,
los acantilados sacrificaron mi corazón.
Cortina blanca de gusanos
piadosa osamenta sin forma ni arabescos.
Epitafio de palabras huérfanas
carne redimida, huesos que no consolaron.
Ahora…
Ante esta pasiva luz otoñal abro mis ojos
la marea bajó y el sol fue arrancado por la noche.
Una gaviota se aleja. Ninguna otra voló más alto.
¡Sus alas se despidieron con
nostalgia de viento!
Análisis literario breve: “ANTES… DESPUÉS… AHORA…”
El poema se estructura como un tríptico temporal claro —Antes, Después, Ahora— que narra el ciclo completo de una pasión: éxtasis erótico, destrucción y serena aceptación melancólica. Esta división tripartita le otorga una arquitectura clásica y una progresión emocional precisa.
En la primera sección (“Antes…”) predomina un erotismo sensual y vital, construido con imágenes orgánicas y sensoriales: la mujer como “ruidosa campana morena”, “continente de sudor y hembra”, y el álamo que nace de su vientre. El lenguaje es carnal y abundante (“frutos devoré hasta el hartazgo”, “lengua de ambrosía”), creando una atmósfera de exceso y placer casi mítico.
La sección central (“Después…”) marca un giro radical hacia lo fúnebre y lo desgarrador. El fuego del deseo se convierte en inmolación (“tus llamas impúdicas / inmolaron mi alma ansiosa”), y el cuerpo amado se transforma en imágenes de descomposición: “carroza fúnebre”, “cortina blanca de gusanos”, “piadosa osamenta”. El tono pasa del éxtasis al duelo, con un lenguaje más cortante y descarnado.
La parte final (“Ahora…”) ofrece un cierre contemplativo y otoñal. El hablante observa desde la distancia, con una luz “pasiva” y una marea baja. La imagen de la gaviota que se aleja, “ninguna otra voló más alto”, resume con elegancia la intensidad pasada y la nostalgia presente. El poema concluye sin dramatismo, en una resignación serena y poética.
En conjunto, “ANTES… DESPUÉS… AHORA…” es un poema de madurez que explora el paso del deseo físico a la memoria y la aceptación. Su fuerza reside en la precisión de las imágenes y en la economía con que recorre el arco emocional, logrando un equilibrio entre lo erótico, lo trágico y lo lírico.

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