23-mar-2026
Para Lorena
Rivas H.
Analizo tu alma con pico y pala
hasta entender la mía
Observador que te intuye
amante con quien te excitas
Abres contradicciones
que centellan en nuestras sombras
…portentoso ping pong sin red ni mesa.
Grillo del que te asusta enamorarte
y te hizo saltar de la hamaca
Con arañazos marcaste tu territorio
en mis brazos y espalda, gata mía
Mordí tus glúteos hasta provocarte
espasmos de dolor y lascivia
Lamí con mis estados tu arquitectura
de pincel coqueto y piel primitiva.
Los amigos más amantes del mundo
cuando no exijo y tú te quedas
Carne y cebo que se liquidan
mensajes de texto que se regeneran.
Amo a cada Lorena que vibra como luciérnaga:
Niña de 54 años pintando en una botella
un muñeco de nieve y un árbol.
Colegiala de faldita doblada
subiendo al bus con desparpajo
Hija de ajetreadas mañanas, tardes
y noches de medicinas.
Madre cuidadora de sus hijos
que reluce en reuniones y comidas.
Mujer a la que beso con fuegos artificiales
desde un móvil.
¡Hembra a la que persigo y me exhibo
en nuestra alcoba azul para cimbrearte!
Este poema es una obra de intensidad lírica y psicológica, donde el yo poético se desdobla para abordar a la amada desde una dualidad analítica y visceral. No es solo un poema de amor; es un poema de disección vincular.
1. La Arquitectura del Desdoblamiento (Intelecto vs. Pulsión): El poema arranca con una declaración de intenciones metapoética: "Analizo tu alma con pico y pala / hasta entender la mía". El uso de herramientas industriales ("pico y pala") para algo inmaterial como el alma establece una tensión dialéctica brutal. El poeta no contempla, excava. Se establece el espéculo: conocerla a ella es el único camino para el autoconocimiento. Esta dualidad se consolida en la segunda estrofa: el "Observador" (intelecto, intuición, distancia) convive con el "amante" (cuerpo, excitación, proximidad).
2. La Metáfora del Caos y el Juego: Imagen del "portentoso ping pong sin red ni mesa". Define la relación como un intercambio dialéctico y físico constante, rápido y sin reglas establecidas. Hay contradicciones que "centellan", sugiriendo que la luz de la relación surge precisamente de sus sombras aceptadas.
3. Simbolismo Animal y Primitivismo: El poema transita hacia un erotismo crudo y animal. Ella es la "gata" que marca territorio con "arañazos", y él responde con mordiscos de "dolor y lascivia". Hay una regresión deliberada a lo primario ("piel primitiva") para escapar de la sofisticación intelectual del principio. La frase "Lamí con mis estados tu arquitectura" es contemporánea: funde la acción física ("lamer") con la mediación tecnológica ("estados"), sugiriendo que la seducción digital es una forma de lamer la imagen del otro.
4. La Celebración de la Multiplicidad (Las Luciérnagas): La segunda mitad del poema es una letanía de adoración a las múltiples facetas de Lorena. El poeta "amo a cada Lorena". Esta fragmentación no la debilita, la hace vibrar como "luciérnagas" (luz intermitente, natural, esquiva).
La Niña/Colegiala: Se celebra su inocencia residual y su desparpajo (la faldita doblada).
La Cuidadora/Madre: Se valida su carga y su sacrificio (medicinas, ajetreo), pero también su brillo social.
La Hembra/Fuego: El cierre vuelve a la alcoba azul (el refugio), donde el poeta es "hembra a la que persigo" y "me exhibo... para cimbrearte". Es un final dinámico, de movimiento y posesión mutua.
"OBSERVADOR Y AMANTE" es una obra que acepta la contradicción como la única forma de verdad en una relación "anacrónica" y profunda.
Es la dualidad inherente a un vínculo profundo: la convivencia entre el observador analítico que excava en el alma del otro para entender la suya propia, y el amante visceral que busca la excitación primitiva. A través de metáforas que funden lo cotidiano (un ping pong sin red, mensajes de texto) con lo animal (arañazos de gata, mordiscos de lascivia), "Observador y Amante" es una celebración de la multiplicidad de la mujer amada. Desde la niña que pinta botellas hasta la hembra que cimbrea la alcoba azul, cada faceta vibra como una luciérnaga en la penumbra de una relación que se regenera constantemente. Una obra que acepta la contradicción como la única verdad del deseo.

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