Mundo anfibológico
de dos marionetas
hilos movidos por sobresaltos
en errática reconstrucción.
Me entierras hasta el cuello
juegas fútbol con mi cabeza
aun sabiendo, inmisericorde
que mordería tus huesos
comería tu corazón.
Movías tus labios
contorneabas tu cuerpo
mientras yo te hurgaba
bajo tu mirada muerta.
Parecías controlada
por un ventrílocuo
entregando falsa carne
de corrosivas llagas.
Abierta y risueña
atenazaste mis hombros
con tus recias pantorrillas
y mi sexo erecto devoró
las exhalaciones de tu vientre.
Mi vino blanco enraizó
un afluente hacia tus venas
miradas catatónicas rompieron
horizontalidad de almohadas.
Mis embestidas lubricaron
la piel de tus ingles
y la violencia sujetó
tus atávicas heridas.
Entre granos de cacao
azúcar morena
taza de chocolate
cuchara y servilleta
me faltabas tú...
En nuestro columpio
creaste una nueva norma:
prohibición de amarte
con ternura y devoción.
Violento dedo índice
enterraste en mis ojos
para que no rebuscara
tu alma semi colapsada
que tratas de pegar
con agua y jabón.
Tenemos un descolorido lenguaje:
la metalurgia de la cama
los balbuceos de la amnesia
el abrazo de los escorpiones.
Penetrarte es tan difícil
es definir patrones de dolor
estando tan cerca de ti
sin poder fusionarnos.
Tu ausencia no termina de faltar…
Análisis de "ANFIBOLÓGICO": La Estética de la Ambivalencia y el Tabú Relacional
El título "ANFIBOLÓGICO" ya advierte el eje central de la obra: la anfibología, que en retórica e ideas refiere al doble sentido, la ambigüedad o aquello que puede admitir más de una interpretación. El poema se edifica sobre esta dualidad fundamental, explorando la tensión irresoluble entre el deseo físico absoluto y la desconexión psíquica o emocional.
A continuación, se desglosan las principales claves estéticas y estilísticas de la pieza:
1. El Doble Sentido del Control: Marionetas y Ventrílocuos
La obra abre instalando la metáfora del determinismo y la pérdida de autonomía:
"Mundo anfibológico / de dos marionetas / hilos movidos por sobresaltos / en errática reconstrucción."
Los sujetos líricos no operan bajo una voluntad clara; son movidos por fuerzas externas o traumas del pasado ("hilos", "sobresaltos"). Esta deshumanización se profundiza con la introducción del ventrílocuo y la "mirada muerta". El cuerpo del ser amado se presenta disociado: físicamente activo, pero con el alma retirada del acto. Hay una entrega de "falsa carne", lo que convierte la intimidad en una simulación o en una respuesta automatizada ante el estímulo.
2. Grotesco Surrealista y la Mutilación Lúdica
El poema utiliza elementos del feísmo y del gótico erótico para ilustrar el daño psicológico a través del cuerpo:
La decapitación simbólica: "Me entierras hasta el cuello / juegas fútbol con mi cabeza". Esta imagen brutal, casi caricaturesca por su dimensión lúdica, representa la humillación intelectual y la inmovilización del yo lírico frente al arbitrio del otro.
La agresión mística: El acto de cegar ("Violento dedo índice / enterraste en mis ojos") funciona como un mecanismo de defensa para evitar que el amante descubra la vulnerabilidad del otro: un "alma semi colapsada / que tratas de pegar / con agua y jabón". La precariedad de los materiales cotidianos (agua y jabón) contrasta con la gravedad del colapso interno.
3. La Metalurgia de la Cama: El Sexo como Único Espacio de Verdad
Frente a las prohibiciones e imposiciones racionales del plano consciente ("prohibición de amarte / con ternura y devoción"), el poema recurre a la crudeza anatómica como el único espacio donde la ambigüedad desaparece.
Las imágenes eróticas son directas y desprovistas de idealismo: la "fusión de fluidos", las ingles, la testosterona y la transpiración. Sin embargo, este encuentro no cura; actúa como un amortiguador donde la violencia física asume la función de contener o sujetar las "atávicas heridas" (los traumas fundacionales). La cama es descrita mediante una metáfora industrial: "la metalurgia de la cama", sugiriendo un espacio de fricción, ruido y moldeado forzoso de metales fríos.
4. Retórica del Contraste y Paradoja Final
El poema maneja la interrupción de la atmósfera sombría a través de elementos cotidianos y sensoriales: la transición de los cuerpos al bodegón doméstico del cacao, el azúcar y la taza de chocolate. Este paréntesis subraya la soledad del yo lírico; los objetos están ordenados, pero la presencia esencial permanece difusa ("me faltabas tú...").
La pieza cierra con una paradoja elíptica de gran fuerza lírica:
"Tu ausencia no termina de faltar…"
Este verso final sintetiza el conflicto anfibológico. La ausencia no se experimenta como un vacío pasivo o un espacio libre; es una presencia constante, densa e invasiva que continúa ejerciendo presión sobre el yo lírico, imposibilitando tanto la fusión definitiva como el desprendimiento total.
En conclusión
"ANFIBOLÓGICO" es una disección anatómica y psicológica de un vínculo donde la proximidad física acentúa la distancia espiritual. Con un lenguaje descarnado y una rica imaginería surrealista, el poema evita los lugares comunes del romanticismo para ofrecer una mirada madura, compleja y forense sobre la imposibilidad de la fusión humana.

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