Poema "POEMA EN EL ESPEJO" de Yanderlok Harry Beltrán Pineda

Para Lorena Rivas H.

20-sep-2026

 

Poema arriesgado es tu cuerpo enroscado


Señora y musa, doméstica y profana


Divorciada altiva, de café y sandalias


Cubres esa parte de ti que más te engaña


Almohada necia no compite con tu gracia


Fronteras de muslos, pezones que señalan


Espejo de cielorraso en actitud descarada


Refleja a dos amantes saciados en la cama.





Breve análisis de «Poema en el espejo»

Este poema convierte una escena íntima en una imagen de carácter onírico. Su lenguaje combina rasgos cotidianos —«café y sandalias», la almohada, el espejo— con expresiones simbólicas como «musa», «fronteras» y «cielorraso», creando una tensión entre lo doméstico y lo poético.

La almohada tiene una función especialmente significativa. No aparece solamente como un objeto de la habitación: representa un gesto de reserva ante una parte del propio cuerpo que genera inseguridad. Al cubrirse, la figura poética intenta protegerse de una mirada que también es la suya. Sin embargo, el poema no presenta esa inseguridad como una verdad objetiva sobre el cuerpo, sino como una percepción personal: «esa parte de ti que más te engaña». La palabra «engaña» introduce precisamente esa distancia entre cómo una persona se percibe y cómo puede ser contemplada por otra.

Desde una perspectiva psicológica, el poema puede leerse como una reflexión sobre la vulnerabilidad que aparece cuando el cuerpo deja de ser simplemente apariencia y se convierte en objeto de autoconciencia. La intimidad no elimina necesariamente los complejos; puede hacerlos más visibles. Al mismo tiempo, la mirada afectiva del otro no se concentra exclusivamente en aquello que se intenta ocultar.

Literariamente, el espejo funciona como el elemento decisivo. Primero parece observar el cuerpo; finalmente, «refleja a dos amantes». Así, el centro del poema se desplaza de una posible imperfección corporal hacia la experiencia compartida. El espejo no corrige ni embellece: simplemente devuelve otra perspectiva sobre la escena.

En conjunto, el poema articula deseo, pudor, autopercepción e intimidad mediante imágenes sencillas transformadas en símbolos. Su interés no reside en idealizar los cuerpos, sino en mostrar cómo, dentro de una relación cercana, la belleza también puede convivir con la inseguridad y con una mirada más amplia sobre el otro.





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